Sobre mí

 

“La mujer que se conoce a sí misma se convierte en fuego, ilumina sin quemar”
Anaïs Nin

Recuerdo mi infancia como una etapa difícil de transitar. Mi alta sensibilidad hacía que cualquier acto cotidiano se volviera un desafío. Me refugié en lugares seguros para mí, como la naturaleza o la soledad de mi habitación. Nadie me explicó entonces que aquella sensibilidad era, en realidad, un poder valioso, así que empleé mi rebeldía para intentar encajar en el mundo. Crecí creyendo que mi sensibilidad era una debilidad y no un don. Pero aquella rebeldía me llevó, sin darme cuenta, a desconectarme de mi ser auténtico.

Cuando tratamos de encajar en algo que no somos, creamos corazas que se trasladan a nuestro cuerpo físico y se manifiestan como síntomas. En mi caso, apareció la ansiedad. Y aunque fue difícil convivir con ella, me empujó hacia una búsqueda insaciable de algo mejor. Emprendí un largo camino de autoconocimiento que continúa hasta hoy y que me ha conducido a un presente lleno de sentido.

Mis caminos fueron diversos. La formación en Hatha Yoga me permitió comprender el significado profundo de la palabra yoga: Unión. Comprendí que el bienestar real surge de la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. También me adentré en formaciones de meditación, aprendiendo a observar mi mente y a entender que existen técnicas para trabajar aquello que más nos hace sufrir: nuestros propios pensamientos.

Siempre he sentido una gran curiosidad por la vida, un impulso por experimentar, aunque en muchas ocasiones mis miedos me frenaban. En un acto de rebeldía hacia esos límites internos, me inscribí en un retiro de meditación en silencio de diez días. Fue una de las experiencias más difíciles pero también más transformadoras de mi vida. Sentí un renacer que abrió una nueva etapa para mí.

Continué formándome en Yoga Nidra, el sueño consciente: un estado de relajación profunda desde el cual es posible acceder al inconsciente y generar cambios poderosos en la vida. También estudié Yoga Terapéutico, donde comprendí que la verdadera práctica personal es aquella que se adapta a tus condiciones y a tu momento vital, una práctica viva, que crece y se transforma contigo.

Sin embargo, la vida también me trajo circunstancias dolorosas. Una ruptura sentimental significativa coincidió con la enfermedad de mis padres. Aquello marcó uno de los años más oscuros y desafiantes que he vivido. Me permití sentir, cuidarme y habitar el espacio emocional que todo ello removió en mí. Fue un proceso profundo, casi como una muerte simbólica de lo que había sido hasta entonces.

En ese periodo inicié un viaje que me condujo al mejor momento de mi vida. La formación en bioenergética me regaló el renacer que necesitaba para reencontrarme con mi verdadero ser. Experimenté una coherencia entre mi vida y mis actos como nunca antes. Me siento más viva, más conectada y más enraizada que nunca. 

Mi energía ha cambiado; mis vínculos me nutren; mi vitalidad fluye. Sobre todo, estoy plenamente reconciliada con mi sensibilidad y mis cualidades.

Hoy sigo formándome, y creo que jamás dejaré de hacerlo. Actualmente estoy inmersa en estudios de Qigong y medicina china, un camino que sin duda me llevará a una nueva etapa aún por escribir.

Todo este recorrido me trae al momento presente, donde siento que estoy lista para expresar mi poder desde un lugar auténtico. Mi transformación se convierte hoy en un puente para acompañarte en tu propio proceso de cambio vital.

Cada día muero y renazco en un nuevo aprendizaje. Cada día me abro más a la experiencia de ser, sentir y existir. Cada día me recuerdo que soy, igual que tú, una aprendiz más de la vida. Y desde esa humildad compartida es desde donde puedo darte la mano, sostenerte y mostrarte caminos posibles a través de mi experiencia.

Si la consciencia universal así lo quiere, nuestros caminos se reconocerán en un encuentro que abrirá un espacio de nutrición mutua.

¿Nos conocemos?

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